No tengas miedo a la maldición del tesoro

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sábado, 18 de junio de 2016

El vértigo de Marianne Fritz: Un delirio borgiano

Shakespeare es el destino de todos sus lectores incluso más que el de todos sus personajes a los que siempre contradice:está en Dostoieski,en Mishima,en Kafka,en Valle,en Mishima,o en increíblemente en Borges,y esta en exclusiva en su obra.No esta del todo en STendhal,nada en Flaubert,y menos en Proust pero nos lo susurran a pesar de ellos. Goethe es el gran sabio que se aprende gracias a S. y se confiesa fragmentariamente replicándole sin amor,como si no hubiera prodigalidad en el amor autista de S. Borges es la recopilación mal copiada de las obsesiones de estos sabios.Y su réplica de réprobo,pero como dijo Swedenborg a Borges le encantaría crear conjeturas y paradojas para confundir a S. que sería su mejor forma de llevarle la contraria,y por supuesto su mejor homenaje. Uno querría cada ciudad por aquello que produce sensaciones fuertes.¿Y qué produce más sensaciones fuertes que los palacios de extremo lujo patricio de la adormecida urbe de Viena? ¿La historia de su Imperio,su nivel socioeconómico,su urbanismo,sus monumentos? No,para nada,sino los delirios de sus escritores. Un ejemplo,es la epopeya correosa y anestesiada de Marianne Fritz. Un ejemplo de que la escritura no solo es un oficio que suele dar pocas recompensas sino que sobre todo es una pasión absorbente y casi monógama que no permite distracciones con las obligaciones cotidianas y solo parece reflejarse en la insólita imaginación de su obra.¿Qué placer,qué necesidad hay para asumir ese sacrificio heroico que nadie necesita para enriquecer el mundo de imaginación? Recuerda a Gustave Flaubert como un escribano de una orden monástica de la Edad Media que intentaba recopilar todo el conocimiento tal como lo entendía para crear un mundo. ¿Y si los demás no lo entienden como un mundo coherente,si no se lo toman en serio para nada?entonces pertenece al mundo de las ruinas que no se distingue de la hulaga. Uno se la imagina 14 horas sentada en una silla de ruedas mirando a través de la ventana un mundo que no le da argumentos terribles para una dura trama y teniendo que recurrir a una imaginación kafkiana para profundizar en las relaciones cotidianas,asumibles para casi todo el mundo. Es demostrar la imposibilidad de la vida y el amor real a la vida Terrible ejemplo el de Marianne Fritz en su silla especial toda una vida,o sea literalmente una vida escribiendo para desentrañar la normalidad cotidiana y tranquila de Austria,ajena a la mala conciencia. El caso austriaco es complejo debajo de una sociedad tranquila y cívica aparentemente. Como dijo Stefan Zweig en 20 años Austria pasó de tener un Imperio continental ha convertirse con orgullo en una provincia del III Reich alemán y a seguir con pasión la senda autodestructiva y sádica del nazismo. Renegaron de sus avances liberales aún dentro de un Imperio y cuando cayó el Reich se consideraron sus primeras víctimas y no tuvieron el mismo grado de culpa que los alemanes. Los austriacos se reformaron pronto y dieron las gracias de salvarse del comunismo soviético que había desfilado por Viena pero guardaron sus prejuicios en la intimidad de sus salones. Aún hoy en día en muchas regiones gobierna partidos que se pueden entender como de extrema derecha y en otras hay actitudes tranquilas de exclusivismo. ¿Para qué profundizar en algo que explican a pesar de los periódicos las noticias populares? Los cuentos de Borges producen vértigo intelectual por las constantes referencias psicológicas no constrastadas,y algunas equivocadas,o llenas de referencias psicológicas erróneas pero válidas en su momento histórico,Borges nunca abandonó la biblioteca de su casa. .


Mientras Baudelaire se merecía el desprecio de su familia por su búsqueda de ambientes llenos de degradación,la ociosidad del vago que tiene que recurrir a la creación de los paraísos artificiales del placer autodestructivo y la droga,reescribía versos genuinos, Borges no contrastó la vida y su poder disgregador sino el poder disgregador de la cultura. Ese fue uno de los baluartes de su genio.


El que Borges pudiera acabar un texto ya es un acto de vanguardia y de rebeldía.

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