No tengas miedo a la maldición del tesoro

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domingo, 21 de agosto de 2016

"El Proceso" de Kafka y el "Libro del Desasosiego" de Pessoa

         I.
En ambos libros,en ambos procesos vitales la muerte es una amenaza,un pánico,una posibilidad que tratan de acercar traumáticamente. A veces la carga metafísica es pesada,sobre todo en Pessoa pero como vemos que habla de sus sentimientos asumimos que es literatura.
Podemos sentir que en el recreo de "su propio fracaso" Pessoa nos desinquieta o nos deprime pero siempre volvemos una y otra vez a Pessoa,siempre lo tratamos con veneración,y aunque sea a trozos nunca nunca dejamos de necesitarle. Ay nunca,una meticulosidad es tan correosa,como los cuarenta tiros de gracia a un ángel.
Me ha dislocado el artículo "Provincianos y cosmopolistas" de Rafael Argullol. Cosmopolita es una experiencia íntima,fantasmal,de ser la diversidad:no reducirnos a una lengua,un mundo,una cosmovisión de todo,no el viajero de vacaciones o el que lea literatura internacional,y pensar una lengua,ser esa lengua es encajar intuitivamente algo a la gente que la habla.Discrepo en su no aprecio de los mal llamados"manierismos"de la vanguardia que multiplicaron a partir de innovaciones que se volvieron chispazos rancios en la arena. Tanto lo cosmopolita como el rompismo supone aceptar la escisión del mundo dentro de uno mismo y dentro de la creatividad.El don Juan de Torrente Ballester es más brillante y vivo que el universal de Tirso pero ya no es tanto don Juan.Tradición fileteada al día y con predisposición al error y a la vida. La Generación europea que vivió alrededor del 98 multiplicó la vida del neopaganismo con sentimientos de culpa y de lo popular de un imperialismo científico y racista con actualidad deportiva o de un amor libre,¿es inapropiado?.Lo fantasmal fue otro intento vano de explicar pasiones imposibles para estos autores que aún vivían los prejuicios cristianos como una reacción íntima. Hoy en día donde estamos tan alejados del silencio,de la muerte, gracias a reducirla a cementerios,a no querer vernos en su patetismo,y gracias a la televisión y las Redes Sociales que nos dan alegría constante nos negamos a pensar en la muerte y menos aún de un modo postcristiano: o sea como algo eterno,abstracto,como algo total,como un salmón exquisito que se pudre,cortamos y tiramos con pena de su belleza agotada. Me recuerda la meticulosidad crítica de Pepe Rey de Doña Perfecta a veces antipático diciendo en cualquier cosa que cree aunque hiera lo más íntimo de los devotos.

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