Lo que más me duele
fue mi desprecio que malinterpretaste
que bajo el mar no encontraste
el petróleo de camisa que huele.
Lo que más me duele
es que no tuvieras el sufrimiento
del trabajo duro del desierto
la roca frente a dunas que se mueven.
Lo que más me duele
es que fuera tan inútil tu dolor
lágrima en un libro sin olor
olvidada en mitos cuando llueve.
Quizá lo que más me duela
es el sabor agrio a cáscaras
de la soledad de las máscaras
de las ramas que se aprietan.
Lo que más me duele
es que por los insultos no entendamos
que lo hicimos por regaños
que escarvan hambrientos la nieve.
Lo que más me duele es el odio
que no deja ni el sol al desierto
que te alegres de que haya muerto
o de que al final esté tan solo.
Cerró las escuelas el odio
cerró los hospitales de nieve
los enfermos que ya no quieren
fuman maldiciendo solos.
No reafirmo la verdad si estoy solo
los préstamos a las estrellas
quedan cerradas las escuelas
y en la esquela un silencio sordo.
Al muerto no les quedan vestidos
se han roto sus fotos,
frío de insulto a mi rostro
eches una sonrisa de aviso,
que cuando de un árbol me cuelguen
o me llenen de ron como un pavo
no quieras olvidar lo que hago
como a quien se cree un Cristo naciente.
La hoz de la ley a tu cuello
de trigo seco perdono
no eches en cara abandono
al que te protege del recuerdo.
Aunque solo el rastrojo quede
del daño vidriado del filo
que no solo agua vemos del río
que nos lleva es lo que duele.
No hay recuerdos en esta hora
de lo poco que hemos vivido,
recuerda la cascada de trigo
como caiga de la cosechadora.
No quiero desenterrar tu risa
que sale pateando.
Ni tu mano yerta buscando
como si quedase prisa.
Te quise en el duro insulto
en mis gritos, en mi racanería,
en echarte inocente la tirria
de culpa del código insepulto.
Ya no queda el sol
lo que más duele
es tu inútil dolor
de que nada quede.
Ya no queda nada
solo la vida y el amor.
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