En recuerdo a mi perversa y degradante amistad con César Q.V.
A cada ojo eterno es más difícil
mantenerme a la altura sin penas
de mis recuerdos profanados
solos pirámide en la selva.
Cada noche llena de manos pegajosas
de lluvias indiscretas que asaltan
que vulgarizan el aliento del moribundo
y que miden con un pañuelo moqueado
los ojos vidriosos de la amada.
Para la levadura ya no hay mundo
ni a los ojos de mar crispado en quien me sueña,
nunca tuve a un Max Brod
ni a un Arimatea ni a Robert Ross
para recoger mi cadáver sin vergüenza.
La marea desata mi rostro
de la pena dando patadas de potro.
La espuma feliz todo lo hunde.
A mordiscos de vidrio y chatarra
bajo luz de baraja de la parra
que lo sublime eleva y confunde.
Excomulga de otra en otra culpa
la culpa del Universo es tuya
y en ti tus recuerdos dignos
como el nocturno canto
en el follaje,vacío y falso.
El amasijo de humillaciones al raso
ya dan lo mismo.
Este paisaje de montaña
con su sortilegio a mar de araña´
del que te sientes tan ajeno
eres tú aunque lo desprecies
y lo echarás de menos
cuándo lo destruyas de recuerdo.
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